La Higuera y el Templo: Por qué la higuera seca aún nos habla

La Maldicion de la Higuera

¿Por qué el Salvador dedicó un momento tan crucial de Su última semana a un incidente con una higuera? A veces, al leer los Evangelios, imaginamos a Jesús recluido tras las murallas de Jerusalén durante toda la Pascua. Sin embargo, la realidad histórica nos ofrece un panorama mucho más íntimo: Su lugar de refugio y centro de Su ministerio durante estos días era la aldea de Betania, en el hogar de Sus amados amigos Lázaro, Marta y María.

Ese trayecto diario de tres kilómetros, cruzando el Monte de los Olivos hacia la ciudad, se convirtió en el escenario de una de las "parábolas actuadas" más profundas y solemnes de Su ministerio terrenal.

El Lunes del Decreto y el Martes del Testimonio

El lunes por la mañana, mientras ascendía hacia Jerusalén, el Salvador sintió hambre. Al ver una higuera frondosa y llena de hojas verdes, se acercó buscando alimento, pero no halló nada. Fue entonces cuando pronunció Su juicio: "Nunca jamás coma nadie fruto de ti". Aunque los discípulos escucharon Sus palabras, el impacto total del evento se reservó para el Martes Santo. Al pasar nuevamente por el mismo sendero, Pedro exclamó con asombro:

Maestro, he aquí la higuera que maldijiste se ha secado (Marcos 11:21)

La Higuera es el Templo

En el simbolismo bíblico, la higuera representa la salud espiritual de Israel. Lo que hace que este árbol sea único es que su fruto suele aparecer junto con el follaje; por lo tanto, un árbol cubierto de hojas pero carente de higos es un árbol que "miente".

Si observamos cómo está escrito el Evangelio de Marcos, veremos que la historia de la higuera rodea a la purificación del Templo. El mensaje es claro: La higuera es el Templo de Herodes. El Templo tenía "hojas" maravillosas: mármol, oro, ritos complejos y túnicas elegantes. Pero no tenía "fruto": se había convertido en una "cueva de ladrones" y había olvidado su propósito de conectar a los hijos de Dios con su Padre.

Al secarse la higuera el martes por la mañana, Jesús estaba profetizando que ese sistema religioso, que ya no daba fruto espiritual, sería removido. Es una prefiguración de lo que le sucederá al edificio físico del templo años después.

"Mover este Monte": Mucho más que una frase motivacional

Ante el asombro de los Doce, Jesús les da una clase maestra sobre la fe. Leemos en Mateo 21:21:

Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo que si tenéis fe y no dudáis, no solo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte decís: ¡Quítate y échate al mar!, será hecho (Mateo 21:21)

A menudo usamos esto como una metáfora para nuestros problemas personales, ¡y es válido! Pero en ese Martes Santo, "este monte" no era una montaña cualquiera. Jesús probablemente estaba señalando el Monte del Templo (el Monte Moriá). Les estaba diciendo que si tenían fe, el sistema antiguo y estéril (esa montaña) sería quitado para dar paso a la Restauración del verdadero convenio por medio de la fe.

De la Higuera a la Arboleda Sagrada

Este contraste entre el follaje frondoso y el árbol estéril nos conduce directamente a los cimientos de la Restauración. En la Primera Visión, cuando el joven José Smith buscó la verdad en la Arboleda Sagrada, el Salvador le dio una respuesta que guarda una armonía perfecta con la lección de la higuera:

...todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando el poder de ella. (José Smith—Historia 1:19)

Al igual que la higuera del Martes Santo, las organizaciones de aquella época poseían la estructura, usaban las Escrituras y hablaban del Mesías o Cristo, pero les faltaba lo esencial: la autoridad legítima, verdadera adoración y el poder del sacerdocio. La Restauración no consistió simplemente en imitar la estructura de la Iglesia primitiva, sino en devolver a la tierra el poder de la divinidad que se manifiesta en las ordenanzas (D. y C. 84:20). Gracias a esa autoridad real, hoy tenemos templos donde se manifiesta el poder de la piedad o divinidad. El templo no es solo una estructura arquitectónica (hojas); es el origen del fruto que nos vincula con el Padre a traves de los convenios

Primera vision

Una invitación al discipulado real

No obstante, la lección de este Martes Santo nos deja una advertencia para nuestra propia vida. Aunque pertenecemos a la Iglesia restaurada y tenemos acceso al sacerdocio y a los templos, el verdadero poder espiritual se manifiesta solo cuando nos esforzamos por ser discípulos genuinos. La eficacia de nuestras ordenanzas y convenios depende de nuestra rectitud personal.

Es posible poseer todas las "hojas" de un Santo de los Últimos Días —la asistencia, los llamamientos y la doctrina correcta— pero si carecemos de caridad y de una conversión de corazón, corremos el riesgo de ser árboles estéticos pero vacíos de espíritu. Este Martes Santo, la invitación es a mirar más allá de la apariencia. Busquemos el fruto. Que nuestro discipulado sea tan auténtico que, cuando el Maestro se acerque a nosotros, no encuentre solo el follaje de la costumbre, sino el fruto dulce de una vida transformada por Su poder.




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