La Limpieza del Templo y el Plan de Dios para Todas las Naciones

La expulsión de los comerciantes del Templo es uno de los momentos más intensos del ministerio de Jesucristo. A primera vista, parece un acto de indignación contra el abuso religioso. Sin embargo, al examinarlo con más detenimiento, descubrimos que este evento revela el propósito universal de Dios y anticipa la extensión de Su obra entre todas las naciones.

El espacio olvidado: el atrio de los gentiles

Jesús actúa, muy probablemente, en el atrio de los gentiles, el único lugar del Templo donde las personas no judías podían acercarse a Dios. Ese espacio había sido ocupado por actividades comerciales, como la venta de animales para sacrificio y el cambio de monedas para el impuesto del templo.

Aunque estas prácticas tenían una función práctica, el problema era mucho más profundo: el lugar destinado a las naciones había sido convertido en un mercado, desplazando así a quienes buscaban adorar. Desde esta perspectiva, la acción de Jesús no solo corrige un abuso, sino que también restituye simbólicamente el acceso de los gentiles a la casa del Señor.

Casa de oración para todas las Naciones

Cuando Jesús limpia el Templo, cita directamente las Escrituras. No actúa solamente por indignación, sino como profeta  e Hijo de Dios que denuncia una corrupción espiritual y, al mismo tiempo, reafirma el propósito original de la casa de Dios.

Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos (Isaías 56:7). 

Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones (Jeremías 7:11)

Isaías deja claro que los extranjeros también son bienvenidos en la casa del Señor (Isaías 56:6–8). Por eso, la purificación del Templo no debe verse únicamente como una condena del lucro religioso, sino como una proclamación: el Templo estaba destinado a incluir a todas las naciones, no a excluirlas.

Jesus purifica el templo

Un anticipo de la obra entre los gentiles

Este episodio también anticipa lo que el apóstol Pablo enseñaría más adelante. En Romanos 11, Pablo explica que, debido al tropiezo de Israel, la salvación llegó a los gentiles, no para reemplazar a Israel, sino como parte de un plan redentor más amplio.

“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos” (Romanos 11:11).

Pablo desarrolla esta idea al hablar de los gentiles como ramas injertadas en el olivo del convenio (Romanos 11:17–24) y declara que este proceso continuará “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11:25). Su enseñanza no es una teología del reemplazo (que los Santos de los Ultimos Días no creen), sino una visión del plan de Dios en la historia, donde tanto gentiles como Israel participan en la obra de salvación.

El tiempo de los gentiles en la revelación moderna

La revelación moderna arroja aún más luz sobre este principio. Doctrina y Convenios 45 enseña que el tiempo de los gentiles es una dispensación real dentro del desarrollo del plan de Dios y también advierte que llegará un momento en que muchos no recibirán la luz del Evangelio en su plenitud.

“Y cuando llegue el tiempo de los gentiles, una luz se manifestará entre los que están en tinieblas, y será la plenitud de mi evangelio; pero no la recibirán; porque no perciben la luz, y desvían sus corazones de mí debido a los preceptos de los hombres… Y en esa generación se cumplirá el tiempo de los gentiles.”

Desde la perspectiva de la Restauración, el tiempo de los gentiles es el período en el que las naciones reciben de manera preferencial la oportunidad de aceptar el Evangelio restaurado.

El élder Bruce R. McConkie explicó este principio con claridad al describir el tiempo de los gentiles como una etapa específica del plan de salvación.

“El ‘tiempo de los gentiles’ es el período durante el cual el evangelio va a ellos de manera preferencial, y esto continuará hasta que hayan tenido una oportunidad completa de aceptar la verdad, o en otras palabras, hasta que llegue la plenitud de los gentiles. Luego, el mensaje irá nuevamente a los judíos, es decir, a los judíos como nación y como pueblo.

Esta explicación ayuda a entender que la obra entre los gentiles no cancela las promesas hechas a Israel. Más bien, forma parte de un orden divino en el que el Señor extiende Su mano a todas las naciones antes de volver a centrarse, en una forma particular, en el recogimiento físico de la casa de Israel. 

A la luz de lo que vemos actualmente en el mundo, donde muchas personas rechazan a Dios, la fe y la verdad revelada, bien puede decirse que estamos viviendo ya en el término o en la etapa final de la plenitud de los gentiles. No siempre se trata de un rechazo abierto, pero sí de una resistencia cada vez más evidente a la voz del Señor. Asi que estamos acercándonos al momento en que esa luz será llevada nuevamente al pueblo judío, tanto como nación como pueblo, para que conozcan al verdadero Mesías y participen plenamente en el cumplimiento de las promesas del convenio.

El Templo: entonces y ahora

Vemos en su contexto que cuando Jesús limpia el Templo, no está negando la importancia del templo. Está reafirmando su propósito. La casa del Señor no fue establecida para el comercio, la explotación ni la exclusión, sino para la adoración, y hacer convenios con Dios.

Desde la perspectiva de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, este principio continúa vigente. Hoy, los templos no operan bajo la ley de Moisés, sino bajo la ley de Cristo, y las ordenanzas se realizan bajo la autoridad del sacerdocio de Melquisedec (Doctrina y Convenios 107:8). Su propósito sigue siendo universal: invitar a todos a venir a Cristo y hacer convenios con Él.

Así como el atrio de los gentiles representaba un espacio de acceso para las naciones en el Templo antiguo, los templos hoy manifiestan que la obra del Señor está abierta a toda persona que desee venir a Cristo, sin importar su origen o linaje.

Templos actuales

Aplicación para nuestro tiempo

Jesucristo no solo limpió un espacio físico en el Templo. También estableció un principio eterno: la casa de Dios es para todos los pueblos. Su acción denunció la corrupción, restauró simbólicamente el acceso de las naciones a la adoración y anticipó la expansión universal del Evangelio.

Leído desde la Restauración, este episodio se conecta de manera profunda con el tiempo de los gentiles, con la plenitud del Evangelio y con el futuro recogimiento físico de Israel. Por eso, el acto de Jesús en el Templo no pertenece solo al pasado: sigue interpretando nuestro presente y anunciando lo que aún está por venir.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

@mormonorg