Devoción y traición: Dos respuestas ante Cristo

Maria unge a Cristo

En medio de los acontecimientos de la Semana Santa, el Miércoles Santo suele parecer un día silencioso. Los evangelios no narran grandes discursos ni milagros públicos de Jesús en esta jornada. Sin embargo, al observar con atención el relato bíblico descubrimos un contraste profundamente revelador: dos actitudes opuestas frente a Cristo. Por un lado, la devoción de una mujer que ofrece algo precioso; por otro, la traición de un discípulo que entrega al Maestro por dinero.

Un acto de amor en Betania

Los evangelios narran que, mientras Jesús se encontraba en Betania, una mujer se acercó con un frasco de perfume muy costoso y lo derramó sobre Él. Este gesto, relatado en el Evangelio de Mateo 26:6–13 y el Evangelio de Marcos 14:3–9, provocó críticas entre algunos presentes, quienes consideraban que aquel perfume podría haberse vendido para ayudar a los pobres.

Sin embargo, Jesús interpreta el acto de una manera completamente distinta. Para Él, no se trataba de un desperdicio, sino de una expresión profunda de amor y devoción. Incluso declara que aquel gesto preparaba simbólicamente su cuerpo para la sepultura y que el acto de esta mujer sería recordado dondequiera que se predicara el evangelio.

Desde una perspectiva exegética, el gesto tiene un fuerte significado simbólico. En la tradición bíblica, la unción estaba asociada con la consagración de reyes y sacerdotes. Al derramar el perfume sobre Jesús, esta mujer reconoce algo que muchos aún no comprendían plenamente: la identidad y misión del Mesías.

El precio de la traición

El relato bíblico presenta inmediatamente después un contraste dramático. Mientras una mujer entrega algo precioso por amor, uno de los discípulos decide entregar a Jesús por dinero. Judas Iscariote acude a los principales sacerdotes y acuerda traicionar a su Maestro por treinta piezas de plata, según narra el Evangelio de Mateo 26:14–16.

El paralelismo literario es notable. En un episodio se derrama un perfume costoso sobre Jesús; en el otro, se calcula el precio de su traición. Ambos relatos giran en torno al valor de algo precioso, pero revelan corazones completamente diferentes.

En este contraste resuenan las palabras de Jesús: “Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro”. La mujer de Betania entrega lo valioso que posee para honrar a Cristo. Judas, en cambio, sacrifica al Hijo de Dios por el valor de unas monedas.

Esaú y su Primogenitura

Este contraste también recuerda una escena del Antiguo Testamento: la historia de Esaú, quien vendió su primogenitura por un plato de lentejas. En ambos casos, algo de valor incalculable es cambiado por una ganancia inmediata y pasajera.

El relato evangélico parece invitar al lector a reflexionar sobre esta misma elección. ¿Qué valor tiene Cristo para nosotros? ¿Es alguien digno de recibir lo mejor que tenemos, o algo que puede ser reemplazado por beneficios temporales?

Aplicación para nuestros días

Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, estos sucesos nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia relación con el Salvador. El evangelio restaurado nos enseña que seguir a Cristo implica ofrecerle lo mejor de nuestra vida: nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestra fe y nuestro corazón.

La mujer de Betania nos recuerda que el verdadero discipulado nace del amor sincero hacia el Señor. Su acto no fue simplemente un gesto emocional, sino una expresión de fe y reconocimiento de quién era Jesús. Judas, en cambio, nos advierte sobre el peligro de permitir que las preocupaciones materiales o los intereses personales ocupen el lugar que solo Cristo debe tener.

En nuestra vida diaria, cada decisión refleja a quién estamos sirviendo. El Miércoles Santo nos invita a preguntarnos si estamos dispuestos a ofrecer al Señor lo mejor que tenemos y a ponerlo por encima de cualquier otra cosa. Así como aquella mujer entregó algo precioso por amor, también nosotros podemos demostrar nuestra devoción al Salvador viviendo su evangelio, sirviendo a los demás y permaneciendo fieles a nuestros convenios.

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